La libertad implica una responsabilidad. Para que los niños y niñas en estas edades sean capaces de gestionarla, debemos seguir algunas pautas. Así, para crecer con seguridad necesitan normas y límites sencillos y claros. Entendemos límite como el espacio emocional o físico que ofrecemos al niño o niña para que se sienta seguro, y la norma como una consigna real, consistente y clara acerca de lo que se puede hacer y lo que no.
Tanto el límite como la norma han de ser aplicados mediante el diálogo y con una actitud de calma, en la que debemos empatizar con ellos y ponernos a su nivel, explicando siempre por qué o las consecuencias de los actos, con cariño y respeto, sin premiar ni castigar, haciéndole preguntas que deriven en una reflexión acerca de lo ocurrido.
